Las temperaturas elevadas y la insolación, típicas del verano, propician la pérdida de agua del organismo. A pesar de que la mejor manera de evitar la deshidratación es beber suficiente agua, los alimentos ricos en agua pueden contribuir a ello. Además, el contenido de estas hortalizas es muy bajo en grasas y sodio.
En concreto, el tomate cuenta con entre un 90 y 95 por ciento de agua y destaca por su contenido en beta-carotenos --compuestos que en el organismo se transforman en vitamina A-- así como ser fuente de vitamina C. También contiene licopeno, un carotenoide sin actividad provitamínica A, que presenta un alto poder antioxidante.
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