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El calvario empezó antes. Tal y como cuenta la propia Jones con todo detalle, arrastraba unos fuertes dolores en la espalda, que se acentuaban cuando, en su vibrante y peculiar contoneo al más puro estilo James Brown, se movía sin parar sobre un escenario. Al principio, acudió a masajistas, pero no se quitaban. Luego, las señales que le mandaba su cuerpo fueron muy preocupantes. Adelgazó y sus ojos amarillearon. El médico le confirmó lo peor: tenía cáncer de páncreas en estado 2. “Fue horrible. Era muy agresivo. En tres semanas, era otra persona”. En sus planes estaba la grabación de un disco, pero tuvo que cancelarlo. Su vida se centró en luchar contra la enfermedad. De nuevo, no se anda con remilgos al contarlo con su característica voz grave, masticando cada palabra: “He sentido como mis manos temblaban por la quimioterapia, como mis piernas no me sostenían, solo pensaba en la enfermedad”.
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